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Cuando huir no es de cobardes

6 de julio de 2012

El otro día arranqué de cuajo otro Capítulo del MANUAL. Ese que se titula “Nazca, crezca, reprodúzcase y muera en su mismo pueblo o ciudad. Lo de querer vivir en otros lugares y conocer diferentes costumbres es de raritos y de gilipollas”.

Al mismo tiempo que hacía de nuevo las maletas para volver a salir del país por un tiempo razonable (*), me preguntaba si estaba huyendo de algo.

(*) Salir del país por un tiempo razonable es algo que puedo llevar a cabo, al menos por el momento, gracias a que LEO EL MANUAL. Es decir, gracias a que observo a mi alrededor, pienso larga y sosegadamente en ello y tomo ciertas decisiones. Decisiones que no son necesariamente buenas para los demás, pero sí para mí. Decisiones que me permiten hacer siempre lo que me apasiona y no hacer nunca lo que no me gusta.

Pues bien, con respecto a lo de la huida, transcribo a continuación un pasaje del libro “Ni de Eva ni de Adán”, de Amélie Nothomb. Yo nunca lo hubiese expresado mejor.

“Al parecer, huir es poco glorioso. Lástima, porque es muy agradable. La huida proporciona la más formidable sensación de libertad que se pueda experimentar. Te sientes más libre huyendo que si no tienes nada de lo que huir. El fugitivo tiene los músculos de las piernas en trance, la piel temblorosa, las fosas nasales palpitantes, los ojos abiertos.

El concepto de libertad es un tema tan manido que las primeras palabras me hacen bostezar. La experiencia física de la libertad ES OTRA COSA. Uno debería tener siempre algo de lo que huir, para cultivar esa maravillosa posibilidad. De hecho, siempre hay algo de lo que huir. Aunque solo sea de uno mismo.

La buena noticia es que se puede huir de uno mismo. La parte de uno de la que huimos es la pequeña cárcel que el estado sedentario instala en cualquier parte. Uno prepara el petate y si te he visto, no me acuerdo: el yo se siente tan sorprendido que se olvida de dárselas de carcelero. Uno puede librarse de sí mismo igual que puede librarse de sus perseguidores.

¿Huida poco gloriosa? Siempre es mejor que dejarse atrapar. El único deshonor es no ser libre”.

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From → MANUAL

4 comentarios
  1. SANTAMAYTE permalink

    Amelíe Nothomb ha sabido plasmar en pocas palabras una gran realidad:Nos han hecho creer que el huir era de cobardes(pienso que es una referencia a las guerras,y por lo tanto poco conveniente) pero en el siglo XXI hay tantas cosas de las que huír,que intuyo que es una valentia y por supuesto nada facil.El sistema nos devora.ROMPAMOS EL MANUAL.

  2. Huir es de cobardes… o no. Depende de cual sea el motivo de la huída. Según la RAE: Alejarse deprisa, por miedo o por otro motivo, de personas, animales o cosas, para evitar un daño, disgusto o molestia. Si es por miedo o temor, sí se podría considerar de cobardes. Si es por algo parecido a “esta no es mi guerra”, pues no. También podría ser que no fuese cobardía, sino supervivencia.
    No conozco cuál es tu caso, pero puede que “huir” no sea la palabra adecuada.

  3. Ansia viva de ver más allá del pueblo (España). Atracción por lo desconocido. Apatía por ciertas cosas que ya conozco. Búsqueda de novedades y perspectiva. Tristeza de ver que nada cambia porque siempre hacemos lo mismo.

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