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!Despertad ya de una vez, capullos/as! (16)

22 de enero de 2014

Si usted se autodenomina “Life coacher” (o una gilipollez similar), o conoce a uno/a personalmente, o está familiarizado de manera directa o indirecta con este sector profesional sospechoso y sospechosamente en auge, lo que va a leer a continuación seguro le sonará de algo. Posiblemente no le guste y se posicione con vehemencia en contra de lo que digo. Pero he aquí, precisamente, lo emocionante de la vida: cada uno tenemos una opinión diferente sobre las cosas, y algunos hasta tenemos la osadía de ponerlo por escrito. Les invito aquí, faltaría más, a dar la suya propia.

Antes de redactar esta entrada me he informado. He estudiado el tema y he visitado algunas decenas de sitios web donde las mismas decenas de “entrenadores para la vida” ofrecen sus consejos a quien quiera tomarlos. Unos los regalan y otros los venden a cambio de dinero. Tanto en uno como en otro lado he comprobado, para MI tranquilidad, que de todo hay en la Viña (no sé si del señor o de la señora). No daré nombres, aunque podría, para SU tranquilidad.

Y es que, en efecto, para REGALAR consejos sobre cómo conseguir tus propósitos, cómo organizar tus objetivos del año entrante o cómo afrontar un cambio radical de vida basta con saber enlazar unas cuantas ideas y ponerlas por escrito. No es necesario ser un experto en marketing o en programación neurolingüística, ni siquiera un ingeniero en telecomunicaciones o un consultor en gestión del conocimiento, ni tampoco un ingeniero a secas. Aunque, a decir verdad, parece que si has estudiado cualquiera de esas carreras tienes infinitas más probabilidades de triunfar en este campo. Increíble pero cierto. Y si no, investiguen mínimamente el sector.

Sin embargo, cuando hablamos de VENDER estos consejos, entramos de lleno en otro pantano. Como es usted de los listos, se tomará el resto de mi disertación en consonancia con sus capacidades reales y elevará su discurso interior hasta el punto de decidir entre seguir con lo que está haciendo en la vida o dejar a los auténticos profesionales que hagan su trabajo.

INTRUSISMO. De intruso. Dícese del ejercicio de actividades profesionales por persona no autorizada para ello. Puede constituir delito. RAE.

Señores “Life coachers”, los impostores no los de verdad, intrusos de la psicología aplicada, vendedores de obviedades, mercaderes de la ignorancia y la desesperación, por si no lo sabían en el año 2006 ya estaba todo dicho, e incluso mucho antes. Pero fueron la película “The Secret” de Prime Time Producciones y el libro del mismo nombre de Rhonda Byrne quienes se encargaron de extender la impostura y popularizar la gran farsa. Ustedes, los de ahora, solo han tenido que traducirla al español.

●Les dejo un artículo que escribí en 2009 en una revista femenina.

TÍTULO DEL ARTÍCULO: “EL SECRETO DEL SECRETO”

¿Alguien no ha leído todavía “El Secreto”? ¿Y “Descubre el Secreto”? ¿Y “Más allá de El Secreto”? ¿Y “Las claves de El Secreto”?
Si la respuesta es NO, deja inmediatamente todo lo que estés haciendo, corre lo más rápido que puedas a la primera librería y hazte con un ejemplar de cada título antes de que sea demasiado tarde, o termina de leer este artículo, no hagas nada de lo anterior y te habrás ahorrado sesenta euros.

He de reconocer, sin embargo, que yo no sólo los he ojeado todos sino que además he disfrutado con cada línea, y eso que actualmente lo último que me conviene es un libro de autoayuda ya que, en plena crisis internacional, lo que procede es pasar urgentemente a la acción y dejar para otro rato las lamentaciones circulares y los valles de lágrimas de efecto paralizante. Por eso quiero que conste que lo hice con el único propósito de descubrir no el secreto, sino la impostura.

Para ello hay que empezar denunciando (sin doblez) que la señora Rhonda Byrne, el matrimonio Attwood, Doña Brenda Barnaby y el señor Daniel Sèvigny, autores respectivamente de las cuatro obras aludidas, han hecho definitivamente el agosto estirando hasta la náusea el ya de por sí desconcertante libro “El Poder del Ahora” del canadiense Eckhart Tolle. Esta última perla majórica de la literatura contemporánea apunta maneras desde la misma portada, pues ya sólo con leer el subtítulo—”Una guía para la iluminación espiritual”— una se queda tan pasmada que la mente se le pone completamente en blanco, consiguiendo así, desde el primer momento, lo que el escritor pretende que aprendamos a lo largo de sus doscientas veinte páginas. Debe ser precisamente esa la razón por la que su eficacia está fuera de toda duda y por la que un tal Marc Allen, autor a su vez de “El Arte de vivir el Tantra” y “Visionary Business“, señala en la contraportada que “Hay en este libro una energía vital que casi se puede sentir cuando uno lo toma en sus manos”.

He observado que estos librillos—pues denominarlos obras literarias o simplemente libros, produce demasiado eco en sus huecas cajas de resonancia—, se presentan al lector con estudiadas y altisonantes locuciones de elogio y alabanza que otros autores, a su vez, han pronunciado al respecto. Y a poco que nos fijemos vemos claramente que todos ellos son siempre los mismos. Por ejemplo Deepak Chopra, poeta-profeta de la medicina alternativa, tal y como lo describió la prestigiosa revista Time, también se reserva su espacio en la portada de “El Poder del Ahora”, y el enunciado que elige es “Uno de los mejores libros publicados en muchos años. Cada frase resuena a verdad y poder”. Este caballero es, al mismo tiempo, el autor de títulos como “Poder, libertad y gracia”, “El libro de los Secretos”, “Iluminación”, “Las 7 leyes espirituales del éxito”, “Viaje hacia el bienestar”…y al menos una veintena más — en la mayoría de los cuales hacen sus comentarios varios de los sujetos antes aludidos—. Es fácil imaginarlos reunidos alrededor de una gran mesa votando democráticamente cuál de los presentes sacará al mercado el próximo best seller y quién hará su escueto pero contundente comentario en las solapas, resultando por ende favorecido para publicitar sin tapujos su obra más reciente. Por descontado, acordarán in situ y de forma igualmente consensuada, el título y subtítulo de la criatura. No me extrañaría incluso que el asunto se organizara por turnos rotatorios.

La cadena de libros de superación y mejora personal para la recomposición espiritual es casi infinita, como lo son los ingresos anuales de sus creadores. Archimillonarios que día a día multiplican por mil sus indecentes fortunas con la ayuda de la autoayuda. Pérfidos magnates que se aprovechan deliberadamente de la desesperación, la insatisfacción personal y la falta de personalidad, o lo que es lo mismo, que rentabilizan la forma de ser y sentirse del noventa y ocho por cien de la población del planeta. En definitiva, ávidos observadores de miserias ajenas y maestros narradores de la obviedad.

Es momento de transcribir algunas frases que orbitan entre las páginas de estos textos. Por ejemplo “…en ausencia del tiempo psicológico tu sentido de identidad procede del Ser, no de tu pasado personal”, “…cuando has obtenido los primeros atisbos del estado intemporal de conciencia, empieza un ir y venir entre la dimensión temporal y la presencia”, “…la atención consciente sostenida corta el vínculo entre el cuerpo-dolor y tu proceso de pensamiento, y pone en marcha el proceso de transmutación”. Y mi favorita: “El propósito externo pertenece a la dimensión horizontal del espacio y del tiempo; el propósito interno implica una profundización en tu Ser, en la dimensión vertical del ahora intemporal”.

Por favor, reunamos un poco de sensatez…¿¿pero alguien realmente entiende una sola palabra de todo esto??

En serio que con esta crítica lo último que pretendo es desprestigiar toda esta bibliografía enrevesada y oportunista que se extiende rápidamente como una epidemia, porque con ello estaría desenmascarando a miles de personas excelentes pero confusas que llenan sus estanterías con estos títulos en los que siempre, invariablemente, aparece la palabra “poder”, “secreto”, “espiritual”, “fuerza”, “felicidad”, “verdad” o “éxito”. Y la verdad es que el secreto del éxito es poder olvidarse de lo espiritual y emplear toda nuestra fuerza en encontrar la felicidad. Sin más.

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From → Capullos/as

4 comentarios
  1. jorge perrer permalink

    Me he animado a escribir pese a que me siento un poco desubicado en estos foros.
    Intrusismo, falta de profesionalidad, es la consecuencia de educar para “triunfar”, ganar pasta como sea, en lugar de educar para aprender una profesión, buscar la excelencia en lo que se hace y sentirse orgulloso de su profesión sea la que sea. Sólo este último es el trabajo que ennoblece, el resto encabrona y envilece.
    Personalmente me distorsiona menos un ingeniero escribiendo esa bazofia que un arquitecto haciendo de camarero o vendiendo zapatillas en un gran almacén, básicamente porque con el primero no voy a interactuar y con los otros lo hago a diario. Aunque también entiendo que unos lo hacen para sobrevivir y sin embargo otros porque creen que han encontrado la manera de vivir la vida tal como se propone en este blog.

    • Hombreeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!!! Tú no estás desubicado en ninguna parte. Como te he dicho por el whatsap, eres el rey de la sutileza. Todavía no sé si me has dado la de cal o la de arena. Pero sigue poniendo cosas aquí cuando quieras, y con el nivel de virulencia que desees. No te preocupes que yo ya me encargo de moderártelas… 🙂

  2. Silvia permalink

    Yo ya he leido esto anteriormente…Y no en la revista…Imagino que nos lo enviarias por e mail….

    Lo primero que se me viene a la cabeza es la ironia de que es facil caer en esto precisamente cuando te dejas llevar por tu pasion… ¿te suena?
    No deberia ser asi, pero lo cierto es que formarse es una carrera de fondo y muchas personas no tienen la capacidad o la pisibilidad de hacerlo mientras se dedican a sobrevivir…
    Besos

    Un beso

    • !!!Silvia!!! Que cañera estás. Pero ahí va mi contraréplica.
      Me suena, efectivamente, lo de la pasión porque en el post de 27 de enero se toca el tema. Por eso que es fácil caer en lo de “sigue-tu-pasión” es por lo que hago un distingo entre los “life coachers” IMPOSTORES y los DE VERDAD. Los primeros no siguen su pasión, sino que se apuntan al carro del éxito y la pasión DE OTROS. Es una verdadera pena. La suerte que tengo es que ellos lo saben. Saben perfectamente encima de qué montón están. Que cada cual se imagine de qué tipo de materia orgánica es el montón al que me refiero.

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